Durante años, los antioxidantes han tenido fama de ser grandes aliados de la salud. Vitamina C, vitamina E, omega-3 y otros compuestos presentes en frutas, verduras y determinados alimentos se han relacionado con la protección frente al estrés oxidativo y el buen funcionamiento del organismo.
Sin embargo, cuando hablamos de cáncer, la relación es bastante más compleja. Una investigación internacional liderada por científicos de la Universidad de Cambridge sugiere que tomar grandes cantidades de antioxidantes en forma de suplementos podría no ser beneficioso para las personas con cáncer e incluso interferir con algunos mecanismos utilizados por el sistema inmunitario para combatir los tumores.
Los antioxidantes también tienen una función dentro del tumor
Nuestro organismo produce moléculas oxidantes de manera natural. Una de ellas es el peróxido de hidrógeno, que participa en diferentes procesos celulares y también puede intervenir en la respuesta del sistema inmunitario.
Las células del sistema inmunitario utilizan determinadas moléculas oxidantes como parte de sus mecanismos de defensa. El problema aparece cuando los tumores desarrollan estrategias para neutralizarlas.
La investigación analizó cómo las células tumorales producen una molécula antioxidante denominada PRDX1, capaz de eliminar peróxido de hidrógeno. De esta manera, el tumor puede protegerse frente a parte del ataque de las células inmunitarias.
Los investigadores observaron que, cuando se bloquea este mecanismo antioxidante dentro de las células tumorales, las células inmunitarias recuperan parte de su capacidad para atacar y eliminar el cáncer.
¿Significa esto que los antioxidantes son malos?
No. Esta es probablemente la parte más importante para interpretar correctamente los resultados.
No podemos concluir que haya que eliminar los alimentos ricos en antioxidantes de la dieta. De hecho, una alimentación basada en frutas, verduras, legumbres, frutos secos, semillas y otros alimentos vegetales continúa siendo una de las bases de una alimentación saludable.
La cuestión es diferente cuando hablamos de suplementos antioxidantes en dosis elevadas, especialmente en personas que están recibiendo tratamiento contra el cáncer.
Según los investigadores, una cantidad elevada de antioxidantes podría modificar el entorno oxidativo que utilizan las células inmunitarias para ejercer su función. Esto podría ser especialmente relevante en determinados tratamientos que dependen precisamente de que el sistema inmunitario reconozca y ataque las células tumorales.
Alimentación y suplementos no son lo mismo
Esta distinción merece especial atención.
Obtener antioxidantes a través de una alimentación variada no equivale a tomar cápsulas con dosis concentradas de determinados compuestos.
Una dieta rica en vegetales aporta una combinación de vitaminas, minerales, fibra y cientos de sustancias bioactivas que actúan conjuntamente. Además, los alimentos contienen estos compuestos en cantidades y proporciones muy diferentes a las que pueden encontrarse en algunos suplementos.
Por eso, los investigadores señalan que no se puede extrapolar automáticamente el posible efecto de los suplementos a los alimentos ricos en antioxidantes.
De hecho, las recomendaciones analizadas en el estudio apuntan precisamente en la dirección contraria: priorizar una dieta con abundancia de frutas y verduras y evitar una alimentación basada en productos ultraprocesados.
Especial atención durante la inmunoterapia
Los resultados podrían tener especial interés para las personas que reciben inmunoterapia contra el cáncer, un tratamiento que busca potenciar la capacidad del propio sistema inmunitario para combatir las células tumorales.
En modelos experimentales, aumentar la capacidad antioxidante de los tumores se ha relacionado con una mayor facilidad para crecer y extenderse. Por ello, los investigadores plantean que determinados suplementos antioxidantes podrían interferir con algunos mecanismos antitumorales.
Pero hay que ser prudentes: estos resultados no significan que cualquier suplemento antioxidante empeore el cáncer ni que todos los pacientes respondan de la misma manera. Son resultados que ayudan a plantear nuevas preguntas y que todavía necesitan confirmarse y estudiarse en diferentes tipos de cáncer y tratamientos.
El mensaje no es comer menos vegetales, sino evitar los excesos
La conclusión práctica es bastante sencilla.
Si hablamos de prevención y de salud general, tiene mucho más sentido construir una alimentación alrededor de alimentos vegetales que buscar grandes cantidades de antioxidantes mediante suplementos.
Frutas, verduras, legumbres, frutos secos, semillas y cereales integrales aportan numerosos compuestos beneficiosos y forman parte de un patrón alimentario asociado a una mejor salud.
Lo que cambia es el contexto cuando existe un diagnóstico de cáncer y, especialmente, cuando se está siguiendo un tratamiento. En ese escenario no conviene introducir suplementos por cuenta propia, aunque se comercialicen como productos naturales o destinados a reforzar las defensas.
La investigación sobre antioxidantes y cáncer también nos recuerda algo importante en nutrición: más cantidad de un compuesto aislado no significa necesariamente más salud. El organismo funciona mediante sistemas complejos en los que el equilibrio puede ser tan importante como la cantidad.
Por eso, antes de añadir un suplemento antioxidante a la dieta, especialmente durante un tratamiento oncológico, lo adecuado es consultar con el equipo médico que lleva el caso.
Y, para la mayoría de las personas, la estrategia sigue siendo mucho más sencilla: una alimentación variada, rica en alimentos vegetales, actividad física regular, buen descanso y evitar los excesos.