El envejecimiento de la piel depende también de los cambios en el microbioma cutáneo

Microbioma

Durante mucho tiempo hemos entendido el envejecimiento de la piel principalmente como un proceso relacionado con la pérdida de colágeno, elasticidad y capacidad de regeneración. Sin embargo, la investigación científica está ampliando esta visión y poniendo el foco en un elemento que hasta hace relativamente poco tenía un papel secundario: el microbioma cutáneo.

La piel es un ecosistema complejo en el que conviven millones de microorganismos, entre ellos bacterias, hongos y otros microorganismos que interactúan constantemente con nuestro organismo. A medida que envejecemos, este ecosistema también cambia, y estos cambios podrían estar relacionados con algunas de las alteraciones que aparecen en la piel con el paso de los años.

La piel no es solamente una barrera

Nuestra piel constituye una de las principales barreras de defensa frente al exterior, pero no funciona de manera aislada.

Sobre ella existe una comunidad de microorganismos que participa en diferentes procesos relacionados con la protección de la barrera cutánea y con la respuesta inmunitaria. Cuando este equilibrio se modifica, también pueden cambiar las condiciones en las que la piel mantiene sus funciones.

El envejecimiento está asociado a modificaciones en la estructura y funcionamiento de la piel: disminuye su capacidad de regeneración, puede alterarse la función de barrera y aumenta la tendencia a determinados procesos inflamatorios.

La investigación actual plantea que el microbioma cutáneo también forma parte de este proceso.

¿Qué ocurre con el microbioma cuando envejecemos?

El microbioma de una persona no permanece exactamente igual durante toda su vida.

La edad, el entorno, la alimentación, los hábitos de higiene, la exposición solar, el clima y otros factores pueden influir en la comunidad de microorganismos que habita nuestra piel.

Con el envejecimiento pueden producirse cambios en la diversidad y composición de estas comunidades. Algunas especies pueden disminuir mientras que otras pueden aumentar. El resultado es un ecosistema diferente al que encontramos en una piel joven.

Esto no significa que exista una única combinación de bacterias que determine si una piel envejece bien o mal. De hecho, uno de los grandes retos de esta investigación es precisamente comprender qué microorganismos cumplen determinadas funciones y cómo interactúan entre ellos y con la propia piel.

Algunas bacterias pueden ser beneficiosas

No todas las bacterias presentes en nuestra piel son perjudiciales. Al contrario, algunas forman parte de un ecosistema que contribuye al correcto funcionamiento de la barrera cutánea.

Por eso, una de las líneas de investigación más interesantes consiste en estudiar si determinadas bacterias podrían utilizarse en el futuro para ayudar a mantener las funciones de una piel envejecida.

Ya existen investigaciones con tratamientos destinados a modificar el microbioma y favorecer determinadas especies o funciones. Sin embargo, todavía estamos en una fase experimental y no podemos afirmar que los tratamientos basados en el microbioma sean capaces de detener o revertir el envejecimiento.

La diferencia entre una hipótesis prometedora y un tratamiento demostrado es importante.

El microbioma y la inflamación

Uno de los aspectos que más interés está generando es la relación entre microbioma, barrera cutánea e inflamación.

Cuando la barrera de la piel pierde parte de su capacidad protectora, puede aumentar su vulnerabilidad frente a diferentes factores externos. Al mismo tiempo, los cambios en las comunidades microbianas pueden influir en las interacciones entre la piel y el sistema inmunitario.

Esto ha llevado a estudiar la posibilidad de que determinadas alteraciones del microbioma contribuyan a crear un entorno más inflamatorio.

Pero también aquí debemos ser prudentes: que exista una asociación entre los cambios del microbioma y el envejecimiento no significa necesariamente que uno sea la causa directa del otro.

La ciencia todavía está intentando determinar qué cambios son causa, cuáles son consecuencia y cuáles simplemente aparecen simultáneamente.

¿Y qué papel juega el sol?

Aquí encontramos otro aspecto especialmente interesante.

La radiación ultravioleta es uno de los factores ambientales más importantes relacionados con el envejecimiento de la piel. La exposición acumulada puede contribuir al fotoenvejecimiento y producir daños que se van acumulando con los años.

Pero, al mismo tiempo, la radiación solar participa en un proceso fundamental: la síntesis de vitamina D.

Además, la exposición a radiación ultravioleta puede modificar el microbioma de la piel. Esto demuestra hasta qué punto diferentes procesos que tradicionalmente estudiábamos por separado están relacionados.

Por tanto, no tiene demasiado sentido plantear el debate como «sol bueno» frente a «sol malo». Lo importante es entender la cantidad de exposición, el contexto y el equilibrio entre los beneficios y los riesgos.

La vitamina D es necesaria para numerosas funciones del organismo, pero esto no significa que una mayor exposición solar sea siempre mejor para la piel.

Si quieres profundizar en esta cuestión y entender mejor la relación entre vitamina D, exposición solar y salud, puedes leer nuestro artículo sobre el tema:

👉🏻Vitamina D y sol: todo lo que debes saber

¿Podremos rejuvenecer la piel modificando el microbioma?

Es una de las preguntas que más interés despierta.

En los últimos años han aparecido investigaciones sobre probióticos, prebióticos, postbióticos y otros tratamientos destinados a influir sobre el ecosistema microbiano de la piel.

La idea resulta atractiva: en lugar de actuar únicamente sobre las arrugas o sobre la apariencia externa, podríamos intentar mejorar determinadas funciones biológicas de la piel.

Pero todavía queda mucho por investigar.

No existe un «microbioma perfecto» que podamos aplicar a todo el mundo. Cada persona tiene unas características diferentes y el equilibrio microbiano depende de múltiples factores.

Por eso, debemos desconfiar de cualquier producto que prometa rejuvenecer la piel simplemente incorporando determinadas bacterias.

La investigación es prometedora, pero todavía necesita estudios clínicos que permitan determinar qué intervenciones funcionan realmente, durante cuánto tiempo y en qué personas.

Envejecer es un proceso mucho más complejo de lo que parece

Quizá la principal conclusión sea que el envejecimiento de la piel no puede explicarse mediante un único mecanismo.

Genética, edad, exposición solar, alimentación, descanso, actividad física, estrés, inflamación y otros factores interactúan constantemente.

El microbioma añade una nueva pieza a este complejo puzzle.

Y también nos recuerda algo importante: nuestro organismo no está formado únicamente por nuestras propias células. Convivimos con una enorme comunidad de microorganismos que participa en nuestra relación con el entorno.

La investigación sobre el microbioma cutáneo todavía tiene muchas preguntas por responder. Pero entender cómo cambia con la edad podría abrir nuevas vías para mantener la función de la piel y protegerla frente al deterioro asociado al paso del tiempo.

Y quizá en el futuro hablar de cuidado de la piel no signifique únicamente hablar de cremas, colágeno o protección solar, sino también de cómo mantener el ecosistema microscópico que vive sobre nuestra piel.

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